El
presente texto nos ejemplifica el pensamiento científico e investigativo
aplicado a la medicina legal y criminalística en una obra literaria de Arthur
Conan Doyle.
En
ella, se narra cómo Watson conoce a Sherlock Holmes después de atravesar una
serie de problemáticas que lo llevan a buscar un departamento más o menos
sencillo y pagarlo con ayuda de Sherlock.
A
Watson le inquietaba la rapidez y la forma con la que Holmes realizaba sus
deducciones casi al grado de creer que eran puras charlatanerías; sin embargo,
al ver que personas de diferentes lugares y estrato social visitaban al
detective, comenzó a creer que en realidad había más que trucos en sus
deducciones; tal es así que tenía dos rivales ya adentrado en la materia de
detectives y ambos ampliamente reconocidos: Lestrade y Gregson. Para Sherlock
Holmes éstos no eran rivales dignos porque sabía que se distraían con algunas
pistas sin relevancia o eran muy “cuadrados” en la forma de ver las cosas,
pero, a pesar de todo, eran lo mejorcito de lo peor.
El
método científico fue aplicado con el misterio del jardín de Lauriston en el
que había gran número de pistas, todas tan diferentes y sin aparente
explicación que era indispensable aplicar una metodología y habilidad
invesigativa.
Homes
observo el caso y aplico el principio de no duplicación, en el que
inmediatamente noto que se trataba de un envenenamiento y lo comparo con casos del pasado en el que
concordaban cierta cosas y lo traspolo a la actualidad. Establecidas las hipótesis
y tomando en cuenta los antecedentes realizo una planeación: decidió acudir con
el guardia que encontró a la víctima, bien dicen que es mejor sacar las cosas
de fuentes primarias. Seguidamente realizo un anuncio en el periódico en el que
explicaba que había hallado un anillo y que si el propietario lo quería recuperar
que acudiera a “X” dirección por él. Fallo en sus suposiciones al encontrar una
viejita y replanteo su plan, para lo
cual contrato unos vagos para que le sirvieran de ojos y de oídos pues de ellos
nunca nadie sospecha. A lo largo de la lectura se fueron encontrando más pistas
aunados a los hallazgos de los otros detectives con lo cual se conforma la
etapa de “desarrollo de la investigación”.
Al
final se analizó todo y se sintetizo e hicieron una última prueba con las
tabletas encontradas en el cuarto de uno de los sospechosos y notaron que
efectivamente era el veneno con el que habían asesinado al primer hombre en el jardín
Lauriston llegando así a la conclusión.
Posteriormente
ocurre la difusión en la que los detectives se quedaron con todo el crédito de
la investigación, bien como decía Sherlock Holmes; pues a él solo lo nombraron
como un simple amateur que les sirvió de ayuda, pero nada más.

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